El día 26 de octubre de 2024, salí a caminar un buen rato con mi hermana mayor.

Al regresar a la casa, mientras estaba abriendo el portón, fui sorprendida por detrás. Una mujer se abalanzó sobre mí, me sujetó y me tiró al piso. Gracias a Dios, mi hermana estaba agarrada del portón y la atacante no le hizo nada.

La mujer se montó encima de mí con la intención de ahorcarme. Mis brazos quedaron atrapados bajo mi cuerpo; como pude, logré sacar el brazo derecho, retirándole la mano de mi cuello. Enseguida, la agresora se puso de pie sobre mi cuerpo.

En ese momento, grité desesperadamente: «¡Dios mío, ayúdame!» e inmediatamente después clamé muy fuerte: «¡Regina “11”, ayúdeme por favor!»

Tras escuchar mi grito, la mujer huyó a toda velocidad. Es la hora en que no la han vuelto a ver por el barrio San Fernando en Bogotá.

Por fortuna, al soltarme, caí sobre el pasto y las hierbas, por lo que la caída no me causó ninguna lesión. Me levanté inmediatamente, nerviosa, por supuesto, pero completamente ilesa. No tuve ningún golpe fuerte en mi cuerpo.

Gracias, Maestra hermosa.