Quiero compartir un testimonio que ocurrió en el día de Equinoccio del 2025, un momento de gran energía espiritual. Como cada mañana, inicié mi jornada con mi rutina de oración diaria. Sin embargo, al finalizar, comencé a sentir un dolor persistente en la columna vertebral que me generaba incomodidad.

Buscando alivio, tomé un baño y me realicé la limpieza con el huevo, acompañada de la oración de la salud, poniendo toda mi fe en el proceso. Fue entonces cuando recordé que tenía conmigo el aceite del Apez. Con mucha devoción, utilicé mi dedo del corazón para aplicarlo, siguiendo un movimiento ascendente desde el coxis y luego descendente desde el cerebelo.

La respuesta fue casi inmediata: no pasaron ni cinco minutos cuando el dolor se desvaneció por completo, dejándome una sensación de bienestar.

¡Mil gracias Madre, por su intercesión y su amor infinito! La amo.