Era el año 1987 y mi hijo tenía 6 años. Empecé a notar que, día con día, su salud decaía y se ponía cada vez más débil; lo llevaba al médico, pero no daban con el diagnóstico.

Un día supe de la existencia del aceite Betixio y de sus propiedades, así que fui a buscarlo a la sede de la calle 13. Comencé a dárselo a mi hijo y, al mismo tiempo, empecé a llevarlo a los Garelos de la Salud, que en ese momento se realizaban los martes y viernes. Gracias a todo esto, comencé a ver una gran mejoría en él. Hoy en día ya tiene 45 años y es un hombre sano.

De ahí en adelante, al ver que tanto los productos como los cursos y los garelos nos ayudaban tanto a mí como a mis dos hijos, seguí asistiendo para tomar los cursos de principiantes y avanzados. Estas enseñanzas han sido grandiosas para nosotros. ¡Gracias, Maestra Regina “11”, por los inmensos beneficios que hemos recibido en nuestras vidas!