Habían pasado treinta años y ya había alcanzado mis metas a pesar del diagnóstico del corazón que me habían dado. Un día me hice la pregunta: ¿qué habrá pasado con mi corazón?, pues no había vuelto al cardiólogo. Pedí una cita, me mandaron un examen y, cuando el médico lo estaba leyendo, se sorprendió. Yo le pregunté qué pasaba y me respondió: «No puedo explicar desde la medicina lo que veo en este examen; no tengo explicación para esto». Le pregunté qué era lo que estaba viendo y me dijo: «En este momento veo que su válvula sigue totalmente destrozada, pero su estado físico es completamente sano. No entiendo cómo tiene usted tan buena salud».
Le dije que, si me lo permitía, le contaría que había estado donde la maestra Regina «11» y que allí me había curado, por lo que no había vuelto al médico. Él no se opuso ni negó que eso fuera posible, pero sí se mostró profundamente sorprendido.

Pasaron alrededor de ocho años desde esa consulta cuando me empezó a salir una bolita en el cuello, la cual fue creciendo hasta convertirse en un tumor grande. Estuve por lo menos seis años con ese problema antes de operarme. Fui donde un cirujano de cuello en Medellín que iba a hacerme la cirugía, pero luego viajé a Bogotá y busqué nuevamente a un especialista. Él me dijo que no me podía operar porque en mi historia clínica figuraba que mi válvula aórtica seguía mal y que era necesario operar primero el corazón. Así que tuve que comenzar de nuevo los trámites para la cirugía cardíaca, aunque me sentía muy bien.
El 22 de octubre de 2024, finalmente me operaron de la válvula aórtica en Bogotá. Cuando me recibieron los papeles, la persona que me atendió me dijo que la recuperación demoraría mínimo 15 días en el hospital: cinco días en UCI y diez en planta. Sin embargo, no fue así. Entré un día martes por la mañana, me operaron a las 7:00 a. m. y a las 3:00 p. m. me pasaron a la UCI. Al despertar, el médico me felicitó y me dijo que todo había salido muy bien. Esa misma noche me pasaron a cuidados intermedios y al día siguiente, miércoles, me dieron de alta. Solo estuve tres días en el hospital; la cirugía fue un éxito total. Mi hija me ayudó muchísimo con los cuidados en casa.
Después de la operación del corazón, en el año 2025, me realizaron la cirugía de cuello para extraer la masa que tenía. Afortunadamente, era una masa sólida; aunque me habían dicho que posiblemente podía ser mala, resultó ser un tumor benigno. Tan solo duré dos días en el hospital.
Con esto quiero decir que, con la maestra, a uno todo le sale maravilloso, porque se supera rápidamente cualquier situación por difícil que sea y la vida cambia para mejorar por completo. En Medellín pude comprobar que muchas personas llegaban por situaciones muy distintas: algunas por problemas económicos, otras por salud y otras por temas emocionales o espirituales.
Al escuchar tantos testimonios allá, concluí que el Centro de la maestra Regina «11» es el único lugar sobre la Tierra donde las personas cambian su vida totalmente para bien. Escuché relatos impactantes: una señora me decía muy jocosamente «yo era prostituta y ya no lo soy»; otra me decía «yo era guerrillera, mi esposo también, y ya no lo somos»; y un señor me comentaba «es que yo era borracho y ya no lo soy». Concluí entonces que, al llegar donde la maestra, cualquier vicio se deja, porque solo con una fuerza espiritual muy grande es posible lograrlo.
Por ejemplo, yo fumaba a pesar de tener mi problema en el corazón; esa era mi inconsciencia. Recuerdo que una vez, estando en el colegio en hora de descanso, me prendí un cigarrillo con mi tinto, algo muy normal entre los profesores. En ese momento me dio un dolor terrible en el corazón; pensé que era un infarto. Mi compañera Fanny me hizo caer en la cuenta y me dijo: «Pero tú eres bien tontita, mira que tienes ese medallón puesto y no puedes fumar con él». En esos días llevaba el medallón que me había obtenido en el centro de la Madre, pues ya había hecho el curso de masafísica (persona que se especializa en hacer masajes corporales) y teníamos ese collar como distintivo. Tenía un dolor terrible y, en cuanto escuché a mi compañera, tiré el cigarrillo inmediatamente. Desde ese instante jamás volví a fumar.
Puedo decir que dejé el cigarrillo por haberme puesto ese medallón magnetizado por la maestra Regina «11». Solo con una ayuda espiritual así de grande puede un ser humano liberarse de un vicio. Son muchas las historias y testimonios que tengo con mi maestra Regina «11»; cada día vivimos un nuevo testimonio en nuestra vida junto a ella.
Muchas gracias, maestra Regina «11».





